En dos décadas, en África Subsahariana el número de personas extremadamente pobres casi se duplicó: de 164 millones en 1981 pasó a 313 millones en 2002. La pobreza por sí sola no puede explicar las hambrunas, aunque afecta, eso sí, a la seguridad alimentaria de las poblaciones más vulnerables.
Los beneficios por la educación de las mujeres constituyeron la mayor contribución a la reducción de la desnutrición entre 1970 y 1995, representando un 43% del progreso total. Las mujeres son también las primeras víctimas del hambre después de los niños.
La violencia es el primer factor causante de la desnutrición aguda. La ruptura de los circuitos de producción y de distribución de comida, bien sea como objetivo militar, o como consecuencia de los conflictos, es la primera causa de desabastecimiento.
Somalia representa una crisis típica de desestructuración, una de las más duraderas y más costosa en vidas humanas. La ausencia de Estado y de servicios básicos, la inexistencia del sistema sanitario y de recursos regulares, han castigado a la población que sufre una de las tasas de desnutrición crónica más altas del planeta.
Durante la década de los noventa, se estima que los desastres naturales provocaron unas pérdidas anuales de más de 600 millones de dólares, más del doble del dato registrado para los años ochenta . Según la FAO, en cerca de 40 países en vías de desarrollo, las pérdidas de producción agrícola por los efectos del cambio climático pueden incrementar en forma dramática el número de víctimas del hambre en los próximos años.
Las grandes crisis alimentarias de África subsahariana se han producido por la falta de acceso a los alimentos, no por su falta de disponibilidad física. Los precios se han mantenido altos porque la mayor parte de la producción nacional se ha exportado y los actores económicos que controlaban los mercados de cereales habían acordado no bajarlos.
EL VIH/SIDA se ha convertido en una de las principales causas (y consecuencias) de la malnutrición. Un niño seropositivo tiene mayores posibilidades de padecer desnutrición que un niño sin VIH. Además los tratamientos antirretrovirales no son tan eficaces en niños desnutridos, y la esperanza de vida es considerablemente menor en los pacientes que carecen de una dieta adecuada.
Cuando los desastres se producen en zonas estructuralmente vulnerables sus efectos suelen ser devastadores y en ocasiones guardan poca relación con la magnitud del fenómeno natural. La destrucción de la capacidad productiva y de los circuitos de abastecimiento de alimentos son generalmente más importantes que los efectos directos de los desastres.